Día 1. Llegada a Miami.

El primer día lo empleamos en viajar en avión desde Madrid hasta Miami en vuelo directo con Iberia. La historia de este vuelo es curiosa, desde mi punto de vista. Parece ser que Iberia, la compañía aérea española por antonomasia, saca a principios de año un número limitado de plazas (en torno al millón) para que la gente pueda volar por precios más asequibles en la primera mitad del año. En 2009 la oferta fue realmente suculenta, puesto que los vuelos a la costa este de Estados Unidos se podían encontrar por 250 euros ida y vuelta, algo nunca visto por la persona que escribe estas líneas. Cuando vi la posibilidad de ir a Miami por un precio tan irrisorio no me lo pensé dos veces, me puse a buscar un compañero de viaje y, cuando lo encontré, compramos los billetes de avión y nos dispusimos a preparar el viaje con calma.

Así que salimos un 23 de mayo de 2009, sábado para más señas, después de llegar con unas 3 horas de antelación a la T4 del aeropuerto de Madrid-Barajas. El vuelo salía sobre las 12:30 hora local, pero como aconsejan estar 3 horas antes en vuelos con destino a Estados Unidos y mi compañera de viaje, porque finalmente fue una amiga mía, venía desde Barcelona en tren, quedé con ella en la estación de Nuevos Ministerios y desde allí fuimos en metro hasta el aeropuerto. Nos subimos a aquel impecable Airbus A-340 y, tras 9 horas de viaje, aterrizamos en nuestro destino.

Lo primero que hicimos después de pasar inmigración (increíblemente breve, apenas 15 minutos de espera) fue cambiar euros por dólares, grave error, y es que la moneda es conveniente llevarla cambiada desde España. Allí nos dieron menos dinero del que nos habrían dado aquí, nos la jugamos y salimos perdiendo, así que es mejor no hacer esas cosas. Y si se tiene a un amigo cuya madre trabaja en una sucursal del Santander, es mucho mejor aún acudir a esa persona para ahorrarnos hasta la comisión.

Una vez tuvimos el dinero en nuestras manos, nuestro siguiente paso era llegar hasta el hotel. Lo primero que hicimos fue preguntar dónde teníamos que coger nuestro autobús, el 150. A pesar de que uno intenta practicar su inglés, allí hay un altísimo porcentaje de población hispana y apenas se hace necesario el uso de otro idioma que no sea el español. Así que nos indicaron dónde teníamos que coger el 150 y allí que fuimos. Nada más salir de la terminal, una bofetada de humedad se nos vino encima, y eso que no hacía demasiado calor, pero había estado lloviendo durante algunos días y eso, sumado a que es una ciudad cercana al mar, hacía el aire casi irrespirable. Estuvimos esperando unos 15 minutos a que llegara nuestro autobús, subimos y pagamos la tarifa.

Fue curioso lo amable que fue la gente, nos preguntaban en el autobús educadamente que de dónde éramos, porque nuestro acento les parecía raro, y es que allí hay mucho cubano, dominicano, argentino, venezolano… Y claro, una catalana y un madrileño, con acentos tan dispares, les llamaron la atención. Continuamos el viaje hasta llegar a Miami Beach, concretamente al cruce de la calle 41 con Indian Creek Dr. Bajamos del 150, caminamos por la 41 hasta llegar a Collins Avenue y ahí cogimos el 120, que nos dejaría a escasos metros de nuestro hotel, el Casablanca.

062- Downtown de noche.JPGA pesar de no ser un hotel de lujo, la relación calidad-precio me pareció bastante correcta. Tenían wifi en el hall de entrada al hotel, tenían piscina, el acceso a la playa estaba muy bien, muchas habitaciones pero con un ambiente muy tranquilo, y encima teníamos unas vistas increíbles. Obviamente, para gustos siempre estarán los colores, pero a mí me pareció un hotel bastante aconsejable. Eso sí, en régimen de solo alojamiento, pero con una pequeña cocina en la habitación. Una vez subimos y nos hubimos acomodado, viendo que ya se nos había hecho tarde y no íbamos a poder aprovechar ese día para nada más, bajamos a la calle y nos dirigimos a un supermercado que había cerca. Los que viajamos en plan pobre nos debemos comportar como tal tipo de viajero, así que pensamos que la mejor forma de gastar menos era comprando algo para cenar un par de noches y algo para desayunar un par de mañanas, y eso fue lo que hicimos. Cuando terminamos de hacer la compra y volvimos al hotel, cenamos tranquilamente unos sandwiches y nos fuimos a dormir para descansar y prepararnos para lo que nos quedaba.

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