Día 4. El Pireo y Egina.

Día 4. El Pireo y Egina.Día 4. El Pireo y Egina. El cuarto día aprovechamos para conocer el Pireo, el puerto de Atenas, y luego ir en ferry hasta la isla de Egina. Lo primero que hicimos fue ir en metro hasta la parada del Pireo, en la línea 1. Compramos los billetes para no quedarnos sin plazas. Teniendo en cuenta que era sábado, había pocas opciones de elegir la isla a la que ir. Nuestra primera opción era ir a Hidra, que queda más al sur que Egina. Pero como no había billetes, pues al final terminamos por ir a la isla más cercana.

Una vez resuelto ese tema, volvimos al metro y fuimos hasta la cercana estación de Faliro. Allí está el nuevo estadio de fútbol del Olympiakos, uno de los muchos equipos que hay en la ciudad; y un pabellón mítico para los amantes del baloncesto: el estadio de la Paz y la Amistad. No vimos ninguno de los dos edificios por dentro, tampoco sé si se podía. La zona estaba muy bien y merecía la pena darse una vuelta, porque teníamos tiempo hasta la salida del ferry. Llegamos hasta una especie de bar gigante, instalado en un edificio parecido a un club naútico y que tenía unas bonitas vistas al mar. Allí nos tomamos algo antes de volver al Pireo.

El ferry tardó, aproximadamente, unos 45 minutos en llegar al pequeño puerto de Egina. En la isla deja mucho que desear el transporte, pues el medio principal de locomoción es el… taxi. Y claro, eso no es precisamente barato. Y los autobuses tienen unos horarios poco turísticos. Cuando nosotros llegamos allí, no teníamos otra forma de llegar a una buena playa. De todas formas, primero paramos a comer un poco porque tampoco es que hubiera muchos sitios donde comer fuera de esa zona. Luego, y para no gastarnos mucho dinero en el desplazamiento, fuimos en taxi hasta una playa cercana que estaba situada al sur de la isla. Un sitio muy tranquilo, con poca gente y con unas vistas muy bonitas.

El agua estaba ese día algo mejor que en Nafplio. Nos bañamos y tomamos el sol, nos relajamos y descansamos tranquilamente. La vuelta de la playa al puerto iba a ser algo más complicado porque no había taxis libres. Fue un tanto surrealista, pero es lo que había. Después de una llamada de mi amiga Dora a un servicio de taxis de la isla, pasó por allí un Mercedes clase E, muy bonito, con 2 personas ya dentro. Nos recogió y pagamos el taxi a partes iguales, y menos mal porque no estaba claro si íbamos a poder volver al puerto.

A partir de ahí, la vuelta fue algo más pesada porque el mar estaba un poco más revuelto, pero no hubo problemas en llegar al Pireo y luego ir en metro hasta casa.

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