Día 4. Auschwitz.

Día 4. Auschwitz.Día 4. Auschwitz. El cuarto día, domingo, fuimos a visitar la localidad de Auschwitz (Oswiecim en polaco). Desde Cracovia se puede ir tanto en tren como en autobús, y nosotros elegimos el autobús. Para ir en tren basta con dirigirse a la misma estación de tren a la que uno llega desde Varsovia. Para ir en autobús bastan con dirigirse a la estación de autobuses que está junto a la estación de tren. Creo que el tren es mejor opción porque se tarda lo mismo a la ida que a la vuelta; mientras que en el autobús tuvimos un plácido viaje de ida, de una hora más o menos, y la vuelta fue bastante tortuosa. Paramos en 300 sitios, recogiendo y dejando gente, y para colmo encontramos algo de atasco al entrar en Cracovia.

El autobús, como comentaba, tardó una hora aproximadamente en llegar a Auschwitz. Nos dejó al lado de la entrada del primer sector del campo de concentración que los nazis construyeron ahí. Desde ahí se empieza la visita por un pequeño museo para luego pasar a la zona de los barracones. Para entrar en el campo, hay que atravesar una puerta metálica con un pequeño arco. En él están forjadas con hierro unas palabras que difícilmente se puede olvidar: “El trabajo te libera”. En alemán, Arbeit macht frei.

Yo creo que uno no se da cuenta de las dimensiones de lo que pasó allí hasta que entra dentro de los barracones. Están hechos de cemento y ladrillo. Digamos que cada barracón contiene explicaciones sobre lo que pasó en esos campos de concentración; así como explicaciones de la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo su inicio el 1 de septiembre de 1939, cuando el ejército nazi atraviesa la madrugada de ese día las fronteras de Polonia; o la rebelión de Varsovia que mencioné anteriormente y que supuso la muerte de más de 250.000 personas.

Pero más duro es saber las condiciones en las que eran tratados la mayoría de los presos. Se les entregaba un único uniforme de presidiario que tendrían que utilizar durante todo el año, fuese verano o invierno, y hasta que muriesen. Solo se les daba una comida al día, escasa en calorías, y se les hacía trabajar más de 10 horas. Esto hacía que muchos muriesen de cansancio o inanición. En cuanto un preso era sospechoso de querer fugarse o de mantener contactos con el exterior, rápidamente era separado del resto de presos y, en más o menos tiempo, ejecutado. Formas de ejecución había varias, aunque se usaban las más comunes: fusilamientos y ahorcamientos.

También había ejecuciones inminentes, disparos en la cabeza perpretados por los propios agentes del campo de concentración. El barracón que más escalofríos producía era el llamado “Barracón de la muerte”. Allí se hicieron las primeras pruebas de asesinatos múltiples en cámaras de gas. También allí eran “preparados” muchos presos para ser fusilados en el espacio que había entre los barracones 10 y 11. Pero más cruel, creo yo, era la habitación destinada a los presos castigados. Un sitio donde había unos cubículos de, aproximadamente, 1 metro cuadrado, en el que entraban hasta 4 presos (de pie, obviamente). Allí tenían que pasar casi la mitad del día, pues la otra mitad la pasaban trabajando.

En condiciones así, era difícil pensar que nadie sobreviviera. A lo largo de la visita, cuando uno va entrando en los distintos barracones, se dan cifras sobre la tragedia, los asesinados, los muertos. Es algo inconcebible todo lo que se hizo allí. Y hay fotos y más fotos de los presos, gente inocente en su mayoría que fueron ejecutados sin ningún miramiento.

Salimos de allí con la mente un tanto nublada, pero aún quedaba dirigirse al segundo sector del campo. Es el más grande y donde más locuras se cometieron. Para desplazarse de un sector a otro, había un servicio de autobuses gratuitos que hacen el recorrido en apenas 5 minutos.

Lo primero que no ve cuando llega al segundo sector es la famosa entrada por la que pasan las vías del tren que llegaban directamente a la zona de los crematorios, donde los presos entraban directamente a las cámaras de gas cuando el régimen nazi agonizaba y no querían dar otro destino a esas personas. Se trata de un edificio que hacía las veces de garita de seguridad, puerta de acceso de los trenes y oficinas de quienes allí trabajaban (aunque parezca un eufemismo). Cuando uno atraviesa ese punto, se da cuenta de que el olor no es el mismo, el silencio es sepulcral.

La segunda imagen que se le queda a uno es lo grande del lugar. Echando un vistazo a la derecha de la entrada principal se puede ver que la verja de seguridad termina muy lejos. Pero también es llamativo el hecho de que, hasta donde alcanza la vista, el fondo del campo está también muy lejos. Como se puede ver en alguna foto, la extensión del campo es abrumadora. La cantidad de prisioneros era incalculable. Por ejemplo, en los primeros barracones que vimos, los de madera, podían entrar unas 400. Teniendo en cuenta que había 15 barracones por fila, eso deja una cifra de 6.000 prisioneros por fila de barracones.

Si a eso multiplicamos las 9 filas que había en el sector BIIa, salen 54.000 prisioneros solo en ese sector del campo. Teniendo en cuenta que había más sectores, no parece fácil calcular la cantidad de prisioneros que se podían juntar a la vez en los campos de concentración. Sin duda alguna, lo mejor que se puede hacer es andar y contemplar todo lo que habían hecho allí los nazis.

La mayoría de los barracones, cocinas, almacenes y letrinas de madera están  destruidos. Eso mismo sucede con los de ladrillo, aunque en menor medida, así como con los crematorios. El ejército nazi los destruyó ante la llegada de las tropas soviéticas con el único afán de eliminar las pruebas de lo que allí se había hecho, del genocidio u holocausto o exterminio.

Tras recorrer casi todo el campo, volvimos para coger el autobús que nos llevara a Auschwitz I. De ahí fuimos a coger el autobús que nos llevara a Cracovia. Apenas tuvimos tiempo para ir a la estación de tren y pararnos en el andén para esperar a nuestro tren. A la vuelta nos tocó sentarnos en el pasillo, como a mucha otra gente. Porque está permitido vender más billetes que asientos tiene el tren, aunque no se hizo demasiado pesado. Nos fuimos de la estación central de tren de Varsovia, en el Centrum, hasta casa de Dorota. Llegamos para ir a cenar y dormir, que ya era tarde. Al día siguiente aún teníamos algo de tiempo para ver más cosas de Varsovia.

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