Día 2. Ciudad Vieja de Praga.

Día 2. Ciudad Vieja de Praga.Día 2. Ciudad Vieja de Praga. El segundo día íbamos a empezar a visitar la ciudad de Praga, pero antes había que desayunar. Nos despertamos pronto, o por lo menos a mí me lo pareció, para estar lo antes posible en el enorme restaurante habilitado para que los clientes pudiésemos tomar nuestro desayuno. Increíblemente, a pesar de estar a las 7 y media de la mañana (1 hora después de la apertura), algunas cosas, como el zumo de naranja, empezaban a escasear.

No obstante, pudimos desayunar bastante bien y una buena cantidad para no pasar hambre durante la mañana. Una vez terminamos, subimos a la habitación para limpiarnos los dientes y, sobre todo, para abrigarnos bien. Sin saber bien cuánto frío hacía fuera, el día anterior nos había dado una pista. Además el cielo estaba muy nublado. Una vez salimos fuera del hotel, nos dimos cuenta de que apenas superábamos los 0ºC y eso es bastante frío.

Ya nos habíamos informado de cómo teníamos que llegar hasta la Ciudad Vieja. Como comentaba anteriormente, el hotel estaba un poco alejado de la zona histórica de Praga. Así pues, lo primero que debíamos hacer era coger un autobús que paraba justo delante del hotel, el 115. Desde allí llegar hasta la parada de metro de Chodov. Una vez ahí, tan solo teníamos que coger el metro (línea roja) y llegar hasta una estación cercana al corazón de la ciudad. Decidimos que la para de Muzeum, donde está el Museo Nacional, sería la mejor opción. En total, el trayecto duraba unos 35 minutos. Todo ello dependiendo de los tiempos de espera del autobús.

Lo primero que vimos al salir de la boca de metro fue la plaza de Wenceslao. Es uno de los centros neurálgicos más importantes de Praga. A nuestra espalda quedaba el Museo Nacional. Como no íbamos a tener tiempo para entrar en todos los edificios ni ver todas las cosas que ofrecía la ciudad, nos pusimos a caminar hacia la Ciudad Vieja. Un poco más adelante, giramos a la derecha por Jindrisska para poder contemplar la Torre Jindrisska. Es una de las muchas torres que pueblan la ciudad de Praga, reminiscencias de su pasado medieval.

Desde allí bajamos por Senovazna para poder ver otra de las torres de la ciudad: la Torre de la pólvora. Esta torre, situada junto al nuevo Ayuntamiento de Praga, da acceso a la Ciudad Vieja a través de la calle Celetna. Es una calle de uso peatonal y llena de comercios de todo tipo a los lados que nos llevó hasta la Plaza de la Ciudad Vieja.

Sin lugar a dudas, esta Plaza es uno de los lugares más bonitos y representativos de Praga. Allí podemos encontrar algunos de los monumentos más famosos de la ciudad. Entre ellos cabe destacar la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn, con sus dos impresionantes torres dominando la capital checa; o la torre del Viejo Ayuntamiento de Praga, en el que está situado, en una de sus paredes, el famoso reloj astronómico. Lo único bueno del frío reinante es que apenas había gente en las calles y plazas. Ni siquiera tuve problemas para realizarme una foto frente al reloj astronómico, lo cual fue toda una ventaja.

Una vez nos dimos una vuelta por la plaza, nos dirigimos por Jilska hasta Naprstkova. Desde allí fuimos hasta la orilla del río Moldava con el objetivo de ver el Puente de Carlos IV y toda la zona del Castillo de Praga para poder hacer una de las fotos más clásicas de esta maravillosa ciudad. A escasos metros, nos dirigimos al acceso que hay al Puente de Carlos IV desde la Ciudad Vieja. Es un acceso dominado por la Torre del Puente de la Ciudad Vieja, a la cual decidimos acceder por una estrecha puerta que hay por el paso inferior para poder subir (a pie, claro está) y contemplar la ciudad desde otro punto de vista. La parte de arriba es bastante estrecha pero se obtienen unas vistas de 360ºC de toda la ciudad.

La mayoría de las torres tienen un mirador en la parte superior. Pero esta torre está situada en una zona privilegiada desde mi punto de vista,. Se puede ver perfectamente el Puente de Carlos IV así como el resto de la Ciudad Vieja, la Ciudad Nueva y el Castillo de Praga. Para quienes tengan más tiempo, seguramente es recomendable subir al resto de torres, como la del Viejo Ayuntamiento o la Torre de la Pólvora.

Una vez bajamos, cruzamos el Puente de Carlos IV o Karluv most en checo. Es el puente más famoso de Praga y seguramente uno de los más famosos del mundo. Sus 515 metros de largo nos permiten observar grandes cantidades de gente así como diversas e impresionantes esculturas en los laterales, sin dejar de lado los puestos de venta ambulante tanto de suvenirs como de pinturas, pues muchos son los artistas que se colocan allí no solo para vender sus cuadros sino también para retratar a las personas que tienen interés en ello.

Una vez llegamos al otro lado del puente, observamos otra torre más, esta vez la Torre de la Ciudad Pequeña o Torre Lesser. Sin embargo, no la cruzamos porque ese era un objetivo para el día siguiente. Lo que queríamos hacer era dar una pequeña vuelta por Malá Strana, en la parque más pegada al río Moldava. Así que fuimos por Misenska en dirección al Jardín Vojanovy sady (Parque Vojan) para dar un tranquilo paseo por sus caminitos. Aunque se trate de un pequeño parque desconocido para la gran mayoría de los turistas, creo que merece la pena estar aunque sea 5 minutos. Seguimos avanzando en dirección al puente Manesuv no sin antes detenernos en un pequeño jardín junto a la orilla del río Moldava y hacer algunas fotos del Puente de Carlos IV desde otra perspectiva.

Así que volvimos al otro lado de la ciudad pero esta vez llegando al barrio judío. Primero llegamos a una plaza junto al río donde pudimos ver un edificio conocido como el Rudolfinum. Su interior alberga una sala de exposiciones y uno se puede deleitar con conciertos de música clásica. Ahí  toca la Orquesta Filarmónica Checa. En esa misma zona también podemos encontrar varias facultades pertenecientes a la universidad Carolina de Praga. Sin embargo, como comentaba anteriormente, a partir de ahí comienza el barrio judío propiamente dicho. Lo primero que pudimos ver fue el cementerio judío.

Debo confesar que me impresionó bastante ver aquella cantidad enorme de lápidas en un espacio de terreno tan reducido. Continuamos por Siroka hasta llegar a Maiselova y giramos a la izquierda. Ahí pudimos ver la sinagoga Staronová (Vieja-Nueva), la más antigua de Europa central. Dimos algunas vueltas por el barrio y encontramos, casi por casualidad, la sinagoga española, la más moderna de la ciudad.

Como ya empezaba a anochecer y hacía bastante frío, decidimos poner rumbo vuelta al hotel. Pasamos nuevamente por la Plaza de la Ciudad Vieja, porque quedaba cerca del barrio judío. Desde allí fuimos andando hasta la parada de metro de Muzeum. Nuevamente cogimos la línea roja hasta Chodov. Mientras esperábamos nuestro autobús (el 115), una señora francesa nos empezó a hablar en francés. Como yo entendía algo y hablaba un poco, pues le respondí lo que pude. Pero fue un error porque ella se pensó que mi nivel era más alto y me contó unas historias que no entendí. Curiosamente, iba a nuestro mismo hotel.

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