Viajes – Asia – Japón – Tokio y Yokohama – David

Días 1 y 2. De Madrid a Tokio.

Lunes, abril 12th, 2010

Este viaje empecé a pensarlo un mes antes de hacerlo, pues un amigo mío iba a pasar 3 semanas en Tokio para hacer un curso de japonés. Me comentó que podía ir allí y, después de sus clases, que eran temprano, podíamos ir a ver la ciudad. A mí me pareció una buena idea y me puse a ver las opciones que tenía. La mejor combinación era salir el 23 de julio y volver el 31 del mismo mes. Esto sucedió en 2005. El precio fue un poco caro, cercano a los mil euros, pero quería aprovechar la oportunidad de conocer un país tan diferente como Japón.

001 - Charles de Gaulle.JPG El vuelo salía de Madrid sobre el mediodía, volaba hasta el aeropuerto Charles de Gaulle, en París, en un trayecto de unas 2 horas con Air France, hacía una escala de una hora, aproximadamente, y luego iba hasta el aeropuerto de Narita, en Tokio, en un vuelo de 11 horas de duración. Debo confesar que se me hizo demasiado pesado, y eso que volaba en un Boeing 747 de Japan Airlines, relativamente cómodo, pero con unas películas que dejaban mucho que desear en cuanto a su calidad y, sobre todo, en cuanto a los idiomas. Curiosamente, tenían una película en portugués pero ninguna en español. De hecho, vi una película china con subtítulos en inglés, con la cual me reí mucho: Kung Fu Sion. La comida en el avión estaba buena, sé que elegí pollo y estaba muy bueno. Tras cruzar toda Rusia, por el avión entró en cielos nipones. Aterricé en el aeropuerto de Narita al día siguiente, es decir, domingo 24 de julio, sobre las 3 de la tarde. Eso me creó un cierto desconcierto porque llevaba demasiadas horas despierto y todavía me quedaba toda una tarde por vivir. Afortunadamente, mi amigo me estaba esperando a la salida porque temía, y con razón, que pudiera perderme en el transporte público tokiota. Narita se encuentra a 1 hora en tren del centro de Tokio, así que la mejor forma para desplazarse de un sitio a otro es el tren, sobre todo pensando en el bolsillo. El primer destino era Ikebukuro, un barrio situado al oeste de la ciudad, donde se encontrar mi hostal. Mi amigo estaba alojado en casa de un amigo en la ciudad de Saitama, pero tenía las clases cerca de Ikebukuro. Para llegar hasta ahí, cogimos un tren desde Narita hasta la estación de Nishinippori, donde teníamos que cambiar de tren para coger la línea Yamanote (verde). 5 paradas después, ya estábamos en Ikebukuro. 004 - Ikebukuro.JPG Lo que más llama la atención al turista medio es la cantidad de gente que hay en las estaciones de tren y metro, que en muchos casos son compartidas. Y claro, occidentales allí hay pocos, así que nos miraban con cara rara, y creo que a mí más porque mido 1.90 y allí era el más alto de todos. En cualquier caso, las primeras vistas de la ciudad son buenas, con muchos carteles de publicidad, muchas luces de neón y todo en japonés. Para llegar al riokan u hostal, había que caminar unos 10 minutos por las calles de Ikebukuro, un camino sencillo pero que llama la atención por varias cosas. Primero, la limpieza de las calles, y eso que apenas hay papeleras. Segundo, la alta calidad de vida. Tercero, la gran cantidad de máquinas expendedoras de bebida. Tras callejear un poquito, llegamos al Kimi riokan, el hostal donde iba a alojarme esa semana. Como se suele decir, bueno, bonito y barato. Pagaba unos 25 euros por noche, mi habitación era pequeña y solo disponía de un futón para dormir, pero es que no tenía pensado hacer más que eso, dormir. El baño era compartido pero a la hora a la que yo me duchaba, no había nadie más. Es decir, perfecto para mí. Dejamos la maleta y salimos de ahí.

005 - Ikebukuro.JPGNuestro próximo destino era un restaurante cerca de la estación de tren de Ikebukuro. Habíamos quedado a cenar con el amigo de mi amigo, que llevaba ya 3 años viviendo enJapón, y le acompañaba una pareja de japoneses que estaban enamorados de la cultura española. Eso sí, cenamos en un restaurante japonés y, lo peor de todo, sentados en el suelo. Yo lo pasé un poco mal por eso, es la falta de costumbre, pues yo siempre como sentado en una silla, pero donde fueres haz lo que vieres, así que me acomodé como me fue posible y cenamos. El problema real era que el jet lag estaba matándome, llevaba demasiadas horas despierto y necesitaba irme a dormir.  Después de cenar y despedirnos, mi amigo y yo fuimos de vuelta al riokan. Sin embargo, antes aprovechamos para hacer algunas fotos nocturnas del barrio de Ikebukuro. Me pareció llamativo también el hecho de ver tantos restaurantes de comida rápida por allí, y casi todos americanos. Llegamos al hostal, mi amigo fue de vuelta a la estación de tren para irse a Saitama, yo me metí en mi habitación y por fin me puse a dormir. Al día siguiente habíamos quedado después de sus clases de japonés para empezar a ver la ciudad.

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Día 3. Shinjuku y Shibuya.

Martes, abril 13th, 2010

La primera noche en Tokio fue rara. Dormí un total de 12 horas, aunque en 2 partes de 6 horas cada una. Me suele pasar cuando hay mucha diferencia horaria. Así que me desperté, me duché y me puse ropa ligera. Durante esa semana, la temperatura media fue de unos 35ºC y la humedad altísima, no sabría dar un porcentaje, pero no tenía nada que ver con el clima seco que hay en Madrid durante el verano. Cogí mi mochila y me fui andando hacia la estación de Ikebukuro, pasé por debajo y crucé al otro lado. Para encontrarme con mi amigo, tan solo tenía que llegar hasta Meiji Dori y empezar a andar la calle en dirección sur. A unos 10 minutos andando desde la estación de Ikebukuro encontraría un cruce grande de calles y él estaría allí esperándome. Antes de llegar, empecé a darme cuenta del porqué de tantas máquinas expendedoras: con esa temperatura y esa humedad, uno empieza a sudar muchísimo en muy poco tiempo, y yo llevaba andando ya unos 15 minutos. Necesitaba líquidos, pues el desayuno no daba para mucho. Metí algunas monedas en una máquina y saqué mi primera Coca Cola japonesa. Luego hice cálculos y, entre unas cosas y otras (Coca Cola, Aquarius, agua, etc.), bebía unos 7 litros de líquidos cada día, que previamente perdía sudando por las calles de Tokio.

008 - Hanazono jinja.JPG Una vez que me encontré con mi amigo, fuimos andando por Meiji Dori durante un buen trecho hasta llegar a nuestro primer destino: Hanazono Jinja. Se trataba de un pequeño templo cercano ya a la estación de tren de Shinjuku, uno de los centros que tiene Tokio, y donde vi una de las cosas que más me sorprendió de mi vista: cuervos. Negros y enormes cuervos surcaban el cielo de la ciudad, y graznaban de una manera espectacular. Fue la primera vez que los veía en un medio natural.

Desde ahí fuimos hasta el cruce que hay por encima de las vías del tren y que pasa junto a la estación de Shinjuku, y empecé a ver los primeros rascacielos de la ciudad. Cabe destacar la torre NTT DoCoMo, que guarda un parecido con el Big Ben londinense pero con aires mucho más modernos. Nuestro objetivo, no obstante, era llegar hasta el edificio del Ayuntamiento de Tokio.

017 - Tokyo Metropolitan Government.JPG Este edificio tan alto destaca entre todos los demás que se encuentran en este distrito financiero de Tokio por sus 243 metros de altura, así como por los observatorios de acceso gratuito que hay en sus plantas superiores y desde los cuales hay una vistas increíbles de la ciudad. Desde el Ayuntamiento bajamos hasta Koshu-kaido y fuimos hasta Harajuku por una calle que iba paralela a las vías del tren. Justo delante se pudimos ver una actuación de un pequeño grupo musical, así como algunos integrantes de las llamadas tribus urbanas. Yo debo destacar a dos chicas que iban vestidas de un modo peculiar (parecido al estilo gótico pero sin ser tan oscuro) y que en vez de pulseras llevaban unas esposas, como las de los policías.

040 - Meiji Jingu Shrine.JPG A escasos metros se encuentra una de las entradas al parque Yoyogi, uno de los pulmones verdes que están dentro de Tokio y que destaca, especialmente, tanto por la puerta Ichi-no-torii, una puerta realizada con cipreses de 1.700 años de antigüedad, como por el Meiji Jingu, un templo sintoísta precioso que está situado en pleno corazón del parque. Una de las cosas que aprendí de mi visita a Japón fue el ritual que suelen seguir las personas que visitan un templo de estas características. Tras pasar una primera puerta en forma de arco,  a ambos lados hay unas pilas llenas de agua y con varios cazos colgando a disposición del público para que, quien lo desee, se limpie las manos y con ello purifique su alma. El hecho de no tener las mismas creencias no implica faltar al respeto a quienes sí creen en otras divinidades, así que me acerqué a una de las pilas, cogí un cazo, lo llené con agua y lo vertí sobre cada mano. Luego me limpié y me dirigí hacia el edificio principal del templo. Allí la gente pedía sus deseos a la divinidad, y yo recuerdo que pedí el mío pero no se cumplió.

044 - Shibuya.JPG Ya para terminar el día, porque estaba anocheciendo y había que volver al hostal, fuimos hasta Shibuya, un poco más al sur de Harajuku y nos dimos una vuelta por la zona, que estaba llena de gente y con los edificios cubiertos de luces de neón y anuncios. Una de las cosas más peculiares que se pueden encontrar en este lugar es la estatua dedicada a Hachiko, un perro akita de pedigrí que acompañaba a su dueño todos los días a la estación de tren y allí lo esperaba a su regreso, pues era profesor de universidad. Sin embargo, un día su dueño sufrió un infarto mientras impartía clase y murió. A pesar de ello, y a pesar de que la familia del profesor se hizo cargo del perro, todos los días acudía a la estación de Shibuya a esperar a su amo. Esa historia de lealtad, que ya le gustaría a cualquier ser humano, fue traducida con una estatua hecha en bronce e inagurada con Hachiko aún vivo. Actualmente, el cuerpo disecado del perro se exhibe en el Museo Nacional de la Ciencia de Tokio.

Ya solo quedaba coger el tren que nos llevaría desde Shibuya hasta Ikebukuro, y a mí luego me tocaría ir hasta mi hostal pasando antes por la ducha, pues como comenté anteriormente se suda mucho con el calor y la humedad, así que cada día pasaba 2 veces por la ducha, era necesario.

http://www.viajareslomio.es/hanazono-jinja/Hanazono Jina

Día 4. Akihabara y Asakusa.

Viernes, abril 23rd, 2010

El cuarto día en Tokio llegaba con malas noticias, y es que ese día iba a pasar por la ciudad un tifón de no mucha fuerza, pero un tifón al fin y al cabo. Eso quiere decir que íbamos a tener lluvia y viento. Así que, después de dormir otras 12 horas, me fui hasta la estación de tren de Ikebukuro porque esta vez habíamos quedado ahí para irnos hasta el barrio de Akihabara. Una de las cosas que aprendí del sistema nipón de trenes y metro es que se paga por tramo, es decir, que uno paga una tarifa base por usar el tren y que, al salir de la estación donde se haya parado, pagará una cantidad u otra, dependiendo de las estaciones recorridas. Esto quiere decir que, por ejemplo, es más caro ir desde Ikebukuro hasta Akihabara que ir desde Ikebukuro hasta Nippori. Eso no sucede en Madrid, donde uno paga una cantidad fija si no sale de la zona A, que es la ciudad de Madrid, y solo pagará más si va a otras poblaciones, tales como Arganda o cualquiera de las que recorre la línea 12.

050 - Akihabara.JPG Aunque el famoso barrio tecnológico de Tokio tiene su propia parada de tren, nosotros decidimos parar un poco antes, en Ueno, e ir andando desde allí para poder ver un poco más de la ciudad. El barrio de Akihabara se encuentra relativamente cerca del Palacio Imperial y lo que se considera como el centro de la ciudad de Tokio. Allí podemos encontrar una gran cantidad de tiendas dedicadas a la venta de aparatos de electrónica de todo tipo. Los precios no es que sean muy bajos en comparación con lo que vemos en Europa, aunque obviamente todo depende de cómo esté el cambio cuando uno va al país. Yo encontré un tipo de cambio en el que el yen valía casi lo mismo que una peseta, así que las conversiones eran sencillas. Allí es posible regatear. Se pueden ver desde las tiendas más pequeñitas repletas de artilugios que, tal vez, nunca llegaremos a ver en España, hasta todo un edificio de varias plantas ocupado por una misma tienda que vende desde calculadoras hasta camisetas, pasando por frigoríficos, aspiradoras y abanicos típicos de Japón. La calle donde podemos encontrar la mayoría de tiendas es Chuo Dori. La calle que está a la izquierda de la estación, llamada Showa Dori, se queda más al margen porque está “invadida” por una autopista que pasa justo por encima. Por lo tanto, el objetivo del visitante es centrarse en esa calle, entrar en las tiendas, ver, curiosear, preguntar (en inglés, si hay suerte) y comprar si uno gusta.

Desde Akihabara nos fuimos andando, una vez más, en dirección al río Sumida, en la zona de Asakusa. Llegamos hasta Edo Dori y giramos a la izquierda, yendo en paralelo al río. Durante el camino, tuvimos la suerte (porque no lo íbamos buscando) de encontrar las oficinas centrales de Bandai (¡¡qué guay!!), y no pudimos evitar hacernos algunas fotos con los muñecos que tenían en la calle (estaban todos enteros, ni rotos ni pintados con grafitis ni nada por el estilo, son bastante respetuosos, no como aquí). ¿Cómo llegar a ese edificio? Está en Edo Dori con una calle pequeña cuyo nombre no puedo saber porque en Google Maps viene en japonés. Así que dejo el enlace aquí y quien quiera ir, que mire bien cómo llegar.

060 - Templo de Senso Ji.JPG Bajando un poco más por Edo Dori, nos encontramos un puente que atravesaba el río Sumida  y que nos ofrecía unas vistas de la otra orilla, donde se puede ver un edificio curioso, el llamado Asahi Super Dry Hall, que no es otra cosa que la central de la empresa líder en Japón de producción de cerveza. Ya cerca de ahí se encontraba nuestro próximo destino, el templo de Senso-ji. Justo antes de entrar vimos a una pareja de señores bien vestidos que, curiosamente, hablaban en español, y no pudimos evitar pedirles una foto y hablar un poco con ellos, pues los occidentales no abundan y los españoles mucho menos. Fuimos por el mercardillo hasta llegar al pórtico de Hozo-mon, y tras atravesarlo nos dirigimos a las pilas de agua para repetir el ritual de la purificación a través de la limpieza de las manos. Sin duda alguna, el templo destaca por su increíble pagoda así como por el hondo, el edificio principal del templo. Es uno de esos lugares que no debemos dejar de visitar si pasamos por Tokio.

Luego, y siempre a pie, fuimos hasta la estación de tren de Ueno y seguimos avanzando, en dirección a Kasuga Dori, que nos permitió pasar muy cerca del Tokyo Dome. Ya en esos momentos la lluvia era intensa aunque el viento no era fuerte, tampoco era un tifón agresivo. Ese día comimos en un sushi-bar, aunque yo reconozco que la comida japonesa, y la oriental en general, no me entusiasma. Es curioso de todas formas sentarse en un taburete y mirar cómo la comida pasa por delante de nuestras narices por una estrecha cinta transportadora, coger lo que uno quiera y complementarlo con un té verde muy caliente.

La parte no aconsejable del día es que anduvimos durante horas hasta llegar a Ikebukuro, y eso son muchas horas a pie. Uno ve todo de esa manera pero hay que estar en forma para poder resistir tantos días y tantas horas cada día de dura caminata, con el calor y la humedad que no aflojan ni un instante.

Día 5. Tokio, Ginza y Roppongi.

Viernes, abril 23rd, 2010

Habíamos llegado al quinto día del viaje, y volvió el sol, el calor y la humedad, más aún después del paso del tifón. Ese día había vuelto a quedar con mi amigo en la estación de Ikebukuro para coger la línea yamanote y hacer parada, nuevamente, en Ueno.

068 - Mercadillo junto a Ueno.JPG Una vez allí, lo primero que fuimos a ver es un mercadillo que se encuentra pegado al puente que lleva las vías del tren de la línea verde y que, llegado un momento, se bifurca. Es el llamado mercado de Ameyoko. Para encontrarlo, lo que hicimos fue sencillo. Saliendo de la estación de tren, tenemos que coger Chuo Dori  y dirigirnos al paso que hay bajo las vías del tren. Justo al pasar el túnel, a nuestra izquierda, encontraremos el inicio del mercadillo de Ueno, que termina cuando se cruza con Kasuga Dori. Como en tantos otros mercadillos, aquí se puede encontrar casi de todo, aunque yo no compré nada y tan solo hice algunas fotos, me pareció un lugar curioso. Anduvimos hasta llegar al final del mismo y, ya en Kasuga Dori, giramos a la derecha y llegamos rápidamente a Chuo Dori.

Desde ahí, teníamos que llegar hasta la estación de tren de Tokio pero sin usar el tren. Hicimos una nueva caminata hasta Yasukuni Dori y desde ahí nos dirigimos hacia Sotobori Dori, una calle que desembocaba en el barrio de Tokio. Además de empezar a ver muchos edificios altos y acristalados, lo más sorprendente era la estación de tren, que fue construida tomando como ejemplo la estación de trenes que hay en Amsterdam.

071 - Estación de Tokyo.JPG072 - Vistas junto al Palacio Imperial.JPG073 - Vistas junto al Palacio Imperial.JPG074 - Cerca del Palacio Imperial.JPG075 - Tokyo.JPG076 - Alrededores del Palacio Imperial.JPG077 - Alrededores del Palacio Imperial.JPG

Justo delante de la estación ya se podían ver los jardines pertenecientes al Palacio Imperial de Japón, también llamado Kokyo. Es la residencia del emperador y de su familia y destaca por sus fosos, sus murallas de piedra y alguna garita blindada de policía. Como apenas teníamos tiempo, teniendo en cuenta todas las cosas que queríamos ver ese día y que todo lo íbamos a hacer andando, no entramos en el recinto.

081 - Kabuki de Tokyo.JPG De los exteriores del Palacio Imperial nos dirigimos hasta Uchibori Dori, y andando por esa calle llegamos hasta la zona próxima de Ginza, ya en la calle Harumi Dori. Cabe destacar un par de cosas que se pueden ver en la zona. La primera, es el edificio que tiene Sony en el cruce de Harumi Dori con Sotobori Dori, al cual se puede acceder de manera totalmente gratuita y donde se pueden ver (y probar y comprar) las últimas novedades de la compañía nipona. Los precios, nuevamente, no son excesivamente económicos, pero sí es seguro que se pueden comprar cosas que acaban de salir en Japón y que tardarán meses en llegar a las tiendas de Europa. La segunda, pero avanzando algo más por la citada Harumi Dori, es el Kabuki-za, un teatro fundado en 1899 aunque el edificio actual data de 1949. Los actores solo son varones y dista mucho del teatro que se pueda ver por aquí. Además, hay que pagar (y no poco) por entrar a ver una representación, que son por las tardes y por las noches.

Nuestro próximo destino era la Torre de Tokio. Para ir hasta allí andando, desde el Kabuki-za fuimos por Showa Dori hasta Daiichi-Keihin, y cogimos esa calle en dirección Onarimon, una estación de metro. Luego fuimos por Hibiya Dori hasta llegar al templo de Zojo-ji, situado en los jardines de Shiba Koen. Este templo data del siglo XIV aunque durante la Segunda Guerra Mundial perdió la mayor parte de sus edificios, que en su momento llegaron a superar el centenar.

A escasos metros de ahí, pudimos ir hasta la Torre de Tokio y verla desde abajo, pues sus 333 metros de altura ofrecen muchas cosas, incluso un mirador, pero en este caso hay que pagar y ya habíamos tenido buenas vistas desde el Ayuntamiento. Desde ahí fuimos por la Gaien Higashi Dori hasta llegar a Roppongi Hills, donde se encuentra la torre  Mori, un imponente edificio de 238 metros de altura y 54 plantas. Esta zona, que fue un gran desarrollo urbanístico, cuenta con muchas atracciones, especialmente el centro comercial que hay en la parte baja de la torre, donde podemos ver tiendas, salas de cine y un museo.

Y desde allí, ya para volver de nuevo al hostal, fuimos andando hasta Shibuya para coger el tren hasta Ikebukuro.

Día 6. Yokohama.

Viernes, abril 23rd, 2010

101 - Landmark tower.JPG El sexto día, el penúltimo ya de mi viaje por Japón, era viernes. Nos fuimos hasta la ciudad de Yokohama, la segunda más grande del país, que queda al sur de Tokio. En tren se tarda unos 40 minutos en llegar. La estación de tren de esta ciudad se encuentra situada al norte. Para encontrar las zonas más turísticas de la ciudad nos dirigimos hacia el sur, hacia el barrio de Minato Mirai, que podría considerarse como el distrito financiero de Yokohama. No hay grandes edificios salvo uno, que ostenta hasta el momento el récord de altura de Japón: la torre Landamark. Destaca por sus 295 metros y sus 70 plantas, y cuenta con un mirador (previo pago) en la planta 69, desde donde se puede observar en un día despejado el monte Fuji.

111 - Puerta Tencho-Mon.JPG En uno de los lados de la torre podemos encontrar una pequeña zona comercial, por la que uno puede darse una vuelta, y ver desde un pequeño muelle una de las norias más grandes del mundo, que está integrada dentro del parque de atracciones Cosmo World. Pero, sin duda alguna, lo más atractivo de la ciudad se encuentra dentro del barrio chino, que lo podemos encontrar en Yamashitacho. Lo más destacable de esta parte de la ciudad son las múltiples puertas que hay para acceder al barrio, todas parecen sacadas de la mismísima China, aunque cada una tiene su nombre y sus características particulares. Hay 4 principales, cada una en un punto cardinal, erigidas en honor de cada uno de los animales sagrados del Feng Shui, protectores de la ciudad. La primera puerta que tuvimos la oportunidad de ver y cruzar fue la puerta de Choyo-mon, que está situada al este de la ciudad y que representa al Dragón Azul. Nosotros encontramos más de 5 puertas, y hay algunas más. Es una zona no demasiado grande pero con calles muy angostas y es fácil perderse si uno no va con un mapa o medianamente orientado. 119 - Templo chino.JPG Uno de los edificios más peculiares que se pueden encontrar ahí es el Daisiekai, un edificio imponente de 8 plantas, que destaca entre todos los demás, y que en su interior tiene un teatro, un restaurante, un museo y un mercado. Justo al lado encontramos un templo chino, llamado Mazu Miao, que a mí me pareció mucho más bonito que cualquiera de los templos japoneses que habíamos visto en Tokio. El motivo, básicamente, era la ornamentación, con mucho dorado en los techos, menos sobrio, menos frío. Yo creo que en la foto se puede apreciar bien lo que estoy comentando. Nos dimos una vuelta por todo el barrio chino y luego salimos de ahí para dirigirnos un poco hacia el sur, donde había unas calles con muchas tiendas, con un marcado estilo occidental. De hecho, vimos una tienda de Zara que estaba en construcción, y eso que en el viaje no vi casi ninguna tienda española, ningún restaurante español… Cuando estábamos volviendo, encontramos la puerta Enpei-mon, situada en el oeste y que representaba al Tigre Blanco, otro de los animales sagradaos del Feng Shui.

Nos dirigimos desde ahí hacia la bahía, donde paramos un momento a contemplar las vistas de la ciudad y del mar desde el parque Yamashita. Anclado junto al parque podemos ver el famoso barco Hikawa Maru, famoso transatlántico japonés que en su día sirviera de hospital durante la Segunda Guerra Mundial.

Más tarde, cuando empezaba a oscurecer, nos volvimos a la estación de tren atravesando nuevamente el barrio de Minato Mirai.

Día 7 y 8. Compras y vuelta a Madrid.

Viernes, abril 23rd, 2010

131 - Akihabara.JPG El último día que realmente iba a pasar en Tokio lo dediqué a las compras. Para ello, no había mejor sitio que Akihabara, aunque esta vez fuimos directamente en tren, sin hacer parada antes e ir andando después. Yo quería comprar una serie de cosas, especialmente para mis hermanos y para mí. Además, algunos compañeros del trabajo me habían pedido algo de tecnología pero solo si los precios eran realmente más bajos que en España, cosa que no fue así. Lo que sí tenía como encargo especial era una PSP, que por aquel entonces ya se vendía en Japón pero que aún tardaría 2 meses en salir en España. El caso es que yo me compré una camiseta donde ponía, en japonés e inglés, la palabra “Tokyo”, a mi hermano le compré una campana para la puerta hecha en bronce (que todavía no ha colocado), a mi hermana pequeña le compré una especie de poster hecho con tela y con el dibujo de una garza, y a mi hermana mayor un juego de vasitos de té con decoraciones japonesas. Estuve tentado de comprarle a mi madre un abanico japonés enorme porque ella tiene una pequeña colección de abanicos españoles, y el precio no era alto, pero hablé con ella y me dijo que no tenía dónde ponerlo.

Luego nos fuimos a Shinjuku, donde había algún centro comercial y donde Fernando había quedado con su amigo y otros japoneses para irse el fin de semana al monte Fuji, lo cual quería decir que la tarde del sábado y el viaje de vuelta al aeropuerto lo haría solo. Aproveché esa tarde para comprar la PSP, con un inglés más que correcto, e interesado, principalmente, en si dicha consola podía manejarse en español, algo que comprobé que sí era posible, y luego me fui al hotel para preparar la maleta.

135 - Vista de Shinjuku.JPG Al día siguiente, ya domingo, me fui por la mañana bien prontito hacia el aeropuerto de Narita usando el tren, y pensando que me quedaba en la estación donde tenía que cambiar de tren para llegar al aeropuerto, en Nishinippori, porque no conseguía pasar por la máquina que me permitía hacer el cambio de línea, y es que al final logré aclararme con un señor japonés que hablaba un poco de inglés y me dijo que tenía que pasar las dos tarjetas que había comprado previamente al mismo tiempo por el torno. Lo demás no tuvo mucha más historia, aunque la última media hora de vuelo entre Tokio y París la hice en clase business porque el vuelo iba con retraso y tenía que darme tiempo (a mí y a otros pasajeros, aunque yo era el único que volaba a Madrid) a coger la conexión. El problema fue que la maleta no llegó a tiempo y la enviaron a casa gratuitamente al día siguiente.

Un viaje muy recomendable, un país con una cultura espectacular, donde creo que desconocen el significado de la palabra delincuencia, y que ofrece cosas muy diferentes a las que se pueden ver en Europa.