DÃas 1 y 2. De Madrid a Tokio.
Lunes, abril 12th, 2010Este viaje empecé a pensarlo un mes antes de hacerlo, pues un amigo mÃo iba a pasar 3 semanas en Tokio para hacer un curso de japonés. Me comentó que podÃa ir allà y, después de sus clases, que eran temprano, podÃamos ir a ver la ciudad. A mà me pareció una buena idea y me puse a ver las opciones que tenÃa. La mejor combinación era salir el 23 de julio y volver el 31 del mismo mes. Esto sucedió en 2005. El precio fue un poco caro, cercano a los mil euros, pero querÃa aprovechar la oportunidad de conocer un paÃs tan diferente como Japón.
El vuelo salÃa de Madrid sobre el mediodÃa, volaba hasta el aeropuerto Charles de Gaulle, en ParÃs, en un trayecto de unas 2 horas con Air France, hacÃa una escala de una hora, aproximadamente, y luego iba hasta el aeropuerto de Narita, en Tokio, en un vuelo de 11 horas de duración. Debo confesar que se me hizo demasiado pesado, y eso que volaba en un Boeing 747 de Japan Airlines, relativamente cómodo, pero con unas pelÃculas que dejaban mucho que desear en cuanto a su calidad y, sobre todo, en cuanto a los idiomas. Curiosamente, tenÃan una pelÃcula en portugués pero ninguna en español. De hecho, vi una pelÃcula china con subtÃtulos en inglés, con la cual me reà mucho: Kung Fu Sion. La comida en el avión estaba buena, sé que elegà pollo y estaba muy bueno. Tras cruzar toda Rusia, por el avión entró en cielos nipones. Aterricé en el aeropuerto de Narita al dÃa siguiente, es decir, domingo 24 de julio, sobre las 3 de la tarde. Eso me creó un cierto desconcierto porque llevaba demasiadas horas despierto y todavÃa me quedaba toda una tarde por vivir. Afortunadamente, mi amigo me estaba esperando a la salida porque temÃa, y con razón, que pudiera perderme en el transporte público tokiota. Narita se encuentra a 1 hora en tren del centro de Tokio, asà que la mejor forma para desplazarse de un sitio a otro es el tren, sobre todo pensando en el bolsillo. El primer destino era Ikebukuro, un barrio situado al oeste de la ciudad, donde se encontrar mi hostal. Mi amigo estaba alojado en casa de un amigo en la ciudad de Saitama, pero tenÃa las clases cerca de Ikebukuro. Para llegar hasta ahÃ, cogimos un tren desde Narita hasta la estación de Nishinippori, donde tenÃamos que cambiar de tren para coger la lÃnea Yamanote (verde). 5 paradas después, ya estábamos en Ikebukuro.
Lo que más llama la atención al turista medio es la cantidad de gente que hay en las estaciones de tren y metro, que en muchos casos son compartidas. Y claro, occidentales allà hay pocos, asà que nos miraban con cara rara, y creo que a mà más porque mido 1.90 y allà era el más alto de todos. En cualquier caso, las primeras vistas de la ciudad son buenas, con muchos carteles de publicidad, muchas luces de neón y todo en japonés. Para llegar al riokan u hostal, habÃa que caminar unos 10 minutos por las calles de Ikebukuro, un camino sencillo pero que llama la atención por varias cosas. Primero, la limpieza de las calles, y eso que apenas hay papeleras. Segundo, la alta calidad de vida. Tercero, la gran cantidad de máquinas expendedoras de bebida. Tras callejear un poquito, llegamos al Kimi riokan, el hostal donde iba a alojarme esa semana. Como se suele decir, bueno, bonito y barato. Pagaba unos 25 euros por noche, mi habitación era pequeña y solo disponÃa de un futón para dormir, pero es que no tenÃa pensado hacer más que eso, dormir. El baño era compartido pero a la hora a la que yo me duchaba, no habÃa nadie más. Es decir, perfecto para mÃ. Dejamos la maleta y salimos de ahÃ.
Nuestro próximo destino era un restaurante cerca de la estación de tren de Ikebukuro. HabÃamos quedado a cenar con el amigo de mi amigo, que llevaba ya 3 años viviendo enJapón, y le acompañaba una pareja de japoneses que estaban enamorados de la cultura española. Eso sÃ, cenamos en un restaurante japonés y, lo peor de todo, sentados en el suelo. Yo lo pasé un poco mal por eso, es la falta de costumbre, pues yo siempre como sentado en una silla, pero donde fueres haz lo que vieres, asà que me acomodé como me fue posible y cenamos. El problema real era que el jet lag estaba matándome, llevaba demasiadas horas despierto y necesitaba irme a dormir. Después de cenar y despedirnos, mi amigo y yo fuimos de vuelta al riokan. Sin embargo, antes aprovechamos para hacer algunas fotos nocturnas del barrio de Ikebukuro. Me pareció llamativo también el hecho de ver tantos restaurantes de comida rápida por allÃ, y casi todos americanos. Llegamos al hostal, mi amigo fue de vuelta a la estación de tren para irse a Saitama, yo me metà en mi habitación y por fin me puse a dormir. Al dÃa siguiente habÃamos quedado después de sus clases de japonés para empezar a ver la ciudad.