DÃas 1 y 2. De Madrid a DublÃn.
Sábado, agosto 28th, 2010Fuimos a DublÃn un 4 de abril de 2008 y llegamos por la noche, asà que de ese dÃa apenas caben contar unas pequeñas anécdotas. Para empezar, que volamos con Aer Lingus y la experiencia fue bastante positiva, algo que no sucede con todas las aerolÃneas. Llegamos a tiempo a DublÃn pero ya era de noche y apenas iba a darnos tiempo a encontrarnos con nuestro amigo para ir a cenar y luego dormir para aprovechar los siguientes dÃas y ver todo lo posible. Asà que, siguiendo las indicaciones que ya llevábamos memorizadas desde Madrid, buscamos el autobús 747 que nos llevarÃa hasta el centro de la ciudad por 6 euros y un trayecto de, aproximadamente, 40 minutos. Necesitamos más tiempo del habitual porque el autobús se quedó parado nada más pasar el peaje de la autopista, según el conductor porque al motor le faltaba agua y no refrigeraba bien. Sin embargo, nosotros aplicamos la teorÃa del Windows XP y sus constantes cuelgues, porque fue curioso ver cómo en el monitor del bus el dichoso sistema operativo de Bill Gates se reiniciaba… quizás fuera una coincidencia, o tal vez no. Con razón el conductor se fue de la estación de autobuses sin coger viajeros para el viaje de vuelta al aeropuerto, porque creo que no habrÃa llegado más lejos del primer semáforo. Allà nos encontramos con el amigo al que fuimos a visitar, anduvimos 10 minutos por las frÃas calles de DublÃn y llegamos a su casa para dejar las maletas y salir luego a cenar. Aprovechamos para hacer compra y tener cosas de desayunar, y luego volvimos a casa para dormir.
El segundo dÃa fue, lógicamente, de mayor provecho. Era sábado y hacÃa mucho frÃo, algo para lo que no fui demasiado preparado pues me habÃan dicho que hacÃa clima “primaveral”, y pensé en la primavera de España, en la de Madrid concretamente, pero allà la primavera solo trae frÃo, lluvia, nieve y viento. No obstante, me dejaron algo más de ropa para abrigarme bien y salimos a la aventura.
Teniendo en cuenta que la casa estaba situada en Fenian street, lo primero que hicimos fue dirigirnos andando al Merrion Square Park y continuar andando hasta la Real Academia de la Ciencia de Irlanda. De ahà fuimos hasta St Stephen’s Green, uno de los muchos y pequeños parques que pueblan el centro de DublÃn. Desde ahà pudimos llegar fácilmente hasta Grafton street, una calle peatonal en esa parte y que está llena de comercios y de gente con ganas de comprar, asà como de algunos grupos musicales y también mimos o “estatuas vivas”. Siguiendo por esa calle, llegamos a una de las estatuas más famosas de la ciudad: Molly Malone. En realidad, la fama no le viene por la mujer en sÃ, sino porque es una canción del siglo XIX que cuenta la historia de la pescadera Molly Malone, que murió de fiebre en plena calle. Al parecer, aunque no queda demostrada la existencia de esta muchacha, se dice que paseaba por la zona portuaria de DublÃn al grito de “¡¡Mejillones y Berberechos vivitos!!”, razón por la cual también es conocida como “Cockles and Mussels”.
Siguiendo por Grafton pero en una zona con vehÃculos pudimos llegar hasta la entrada del famoso Trinity College, fundado en 1592 por la Reina Isabel I. Aunque no éramos estudiantes de la institución, el acceso al patio interior es libre y tomamos algunas fotos del lugar. La mayorÃa de edificios son antiguos pero algunos también son modernos, y en una de las zonas del campus pudimos ver el campo de cricket de la Universidad de DublÃn (ese deporte incomprendido en estas latitudes, al menos por mÃ). Como no querÃamos impregnarnos de los conocimientos universitarios (otra vez), salimos del Trinity College y nos dirigimos hacia el rÃo Liffey, que atraviesa DublÃn de oeste a este y desemboca en el mar de Irlanda. Pero puentes para cruzar ese rÃo habÃa muchos, asà que nos fuimos al puente O’Connell, que lleva a la calle del mismo nombre y que, posiblemente, sea la zona más céntrica y concurrida de DublÃn.
La calle O’Connell tiene un gran bulevar por el que la gente puede caminar tranquilamente mientras los coches circulan por los laterales, en cuyas aceras podemos encontrar tiendas de todos los colores y muchos restaurantes. A medida que Ãbamos avanzando por esa calle, nos acercábamos a nuestro próximo destino: Spire of Dublin. ¿Qué era aquello? Pues una especie de aguja metálica pero de unos 100 metros de altura… y ya. No supimos identificar la finalidad de aquella construcción, aunque sà es verdad que ese punto marca el origen de unas calles peatonales y llenas de tiendas, que son Earl street y Henry street. Allà aprovechamos para comprar algunos recuerdos, y luego nos dirigimos bordeando el rÃo por Bachelor’s walk hasta el Millennium bridge.
Cruzamos nuevamente el rÃo y fuimos hasta Temple Bar, la zona de DublÃn en la que se concentra la mayorÃa de la vida nocturna. Yendo por Essex street, llegamos hasta Parlament street (donde casi me como el espejo retrovisor de un autobús que iba despendolado por la calle) y encaramos en dirección al edificio del Ayuntamiento. Justo detrás se encontraba el Castillo de DublÃn, que está lejos de ser el clásico castillo que podemos encontrar en Irlanda. Sin embargo, se puede acceder al patio interior de manera totalmente gratuita. Como la noche se nos empezaba a echar encima, decidimos no entrar en ninguno de los edificios del castillo y nos dirigimos directamente hacia la catedral de San Patricio, bajando por Patrick street. La vimos solo por fuera, porque para verla por dentro habÃa que pagar 5.50 euros y nuestras economÃas no estaban para muchas bromas. Desde allà fuimos nuevamente al rÃo, hacia el norte, y lo bordeamos hasta llegar nuevamente a O’Connell bridge, pasamos de nuevo por delante del Trinity College y ya nos dirigimos a la estación de tren de Pearse street para coger un tren que nos llevara a Dun Laoghaire.
Para situarnos un poco, Dun Laoghaire es un pueblo costero situado al sur de DublÃn al que se puede llegar fácilmente en tren en pocos minutos. Fuimos hasta allà para comer en primer lugar, pues ya se nos habÃa hecho un poco tarde, y para dar una vuelta por el pueblo. El restaurante donde comimos parece ser que ha cambiado de dueños y de nombre, asà que no puedo comentar nada al respecto, salvo que comimos bien aunque fue algo caro. Una vez terminamos, salimos a la calle para ver algo del pueblo mientras dábamos un paseo. Fuimos bordeando la playa hasta llegar a Marine Parade, pero ahà vimos que el dÃa estaba empeorando poco a poco, habÃa empezado a llover y decidimos dar la vuelta hacia la estación de tren para volver a DublÃn.
Aprovechamos para ir a casa de mi amigo a cenar y luego fuimos a la zona de O’Connell para disfrutar un poco del ambiente nocturno.